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Cerveza

Hace unos años, la conocida marca de cervezas gallega, aquella que transportaba el tesoro de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre al ritmo del Bella Ciao ¿la recuerdan? me encargó hacer un cartel para una campaña veraniega si no recuerdo mal. La campaña se hizo en una lona gigante en Santiago o Vigo… La gente de allí estaba muy contenta, todo había salido muy bien. Los bocetos encajaron a la primera, los tiempos de ejecución fueron precisos y los archivos estaban en los formatos adecuados. Así que todos nos quedamos contentos. No se crean que estas marcas, que se permiten millonadas de inversión en publicidad, pagan así de bien el trabajo de otros artistas. Lo digo por si alguien pueda creer que esto es un privilegio, es un trabajo como cualquiera de los otros. Y ni siquiera muy bien pagado.

Pues bien, al año siguiente, la conocida marca de cervezas me vuelve a contactar para realizar un etiqueta para una campaña local. Nada menos que la edición que se distribuiría en la época de las Fallas, de València. Otra vez el pago no era espectacular, pero tampoco una cosa indigna. Aunque reconozco que la vanidad y la posibilidad de hacer un trabajo así en mi entorno me motivó bastante.

El proceso fue muy parecido a la anterior vez. Sobra decir que estas cosas se hacen a través de agencias de publicidad y que los tiempos son siempre ajustados y precisos. Así que tras algunos vaivenes en el boceto, se hicieron los artefinales, se presentaron rigurosamente en tiempo y modo, y todos contentos, se envió a imprenta. Si no recuerdo mal, incluso se pagó con bastante premura.

Tal y como sucedía en la películas antiguas, me imagino a alguien gritando: “¡que paren las máquinas!”. El departamento legal de dicha empresa había hecho la llamada. Unas cuantas cientos de miles de etiquetas a la trituradora.

Que cada lector y lectora saqué sus conclusiones. Sólo me queda decir, que a partir de ese momento la conocida marca de cervezas incluye en sus contratos una cláusula que reza algo tipo: “la empresa se reserva el derecho a no publicar la obra del artista, si el mismo hubiera participado o formado parte de algún tipo de polémica de carácter político, tanto en la realidad como en el entorno digital”.

¿Realidad o ficción?

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